Solemos pensar que somos libres, que tenemos la capacidad de pensar por nosotros mismos, de fijar nuestras metas y anhelos de acuerdo a nuestra subjetividad. No estamos supeditados a ninguna soberanía, ni somos explotados directamente por nadie. Parece que nuestro cuerpo es libre, y que actuamos con él de manera voluntaria. Sin embargo, en realidad nos hemos vuelto esclavos absolutos que nos sobre explotamos a nosotros mismos. Nos explotamos a través de esa libertad de la que gozamos, de modo que no hay necesidad de hacer uso de la fuerza externa para que nos sometan. Esta libertad individual, aislada, es esclava del capital; en realidad nosotros no somos libres; sólo el capital es libre. Cuando ya no existe la distinción entre explotadores y explotados, no hay manera de crear una posible revolución social, ni un “nosotros político” que lleve a la acción común; ya no somos sujetos revolucionarios sino explotados. Lo que Marx anhelaba con su lucha del proletariado, con la resistencia al sistema y la lucha de clases, parece que se invalida debido al aislamiento.

Parece que ya no trabajamos para nuestras necesidades sino para el capital, y este capital está generando sus propias necesidades. Es decir, el fin de nuestra vida es extrínseco, por ello sentimos una sed insaciable: sin importar todo lo que consumamos nos seguimos sintiendo vacíos, porque todo está en el exterior. El capital es nuestro Dios, y todo lo que hacemos es para poder consumir; vivimos y trabajamos para satisfacer necesidades que hemos creado, y para poder gastar en objetos que creemos imprescindibles. Facebook sabe la publicidad que será idónea para cada persona pues  usa la información que nosotros le damos voluntariamente; somos sociedades transparentes, que ya no necesitan ser vigiladas ni torturadas para obtener información. Es pues una vigilancia pasiva pero con un control activo; este Big Data es un instrumento psicopolítico, que permite obtener información de la nueva sociedad de la comunicación sin necesidad de la fuerza coercitiva.

El poder contra nosotros ya no es disciplinario, normativo, ni tiene prohibiciones ni vuelve dócil  al cuerpo para hacerlo mecánico, automatizado. Ya no es un animal productivo que se mueve bajo cuatro paredes, limitando su productividad; el poder ya no es coercitivo y la libertad ya no se limita. Por el contrario, en la sociedad neoliberal, en donde el sujeto ya no es un trabajador sino un empresario, delimita su entorno a partir de su movimiento, buscando aumentar su productividad y optimización. Ahora lo que lo gobierna no es la biopolítica sino la psicopolítca; sus motivaciones son la competencia, la optimización y la culpa. El nuevo sistema no busca la sumisión sino la dependencia, dando facilidades y actuando silenciosamente. Esta técnica es mucho más poderosa, pues el poder coercitivo es la expresión de la debilidad de este mismo poder; sin embargo, cuando el poder es persuasivo, se ha alcanzado su mayor fuerza, y esto sólo puede suceder interviniendo en la psique de las personas y condicionándola a un nivel prerreflexivo.

La característica en común del poder soberano y del poder disciplinario es que ambos están sometidos por una explotación ajena, creando así sujetos obedientes, condicionados biopolíticamente; la distinción con nuestra sociedad neoliberal es que ésta utiliza la psique como su fuerza productiva. En nuestras sociedades la producción cada vez es menos manual y corporal, es decir cada vez se requiere menos la fuerza del hombre; ahora, la producción es inmaterial e incorporea, por lo cual es necesario optimizar los procesos psíquicos y mentales. Ya no se trata de una disciplina corporal sino de una optimización mental. Es como un neuro-enhancement, en donde se busca el aumento del rendimiento psíquico a través de la autoexplotación.

La paradoja de todo es que nos engañamos a nosotros mismos, sin darnos cuenta. Creemos  que la competencia sin límites es buena, que luchar día y noche por nuestros ideales es lo que nos llevará a tener nuestra gran empresa, a ser los mejores, a comernos al mundo. Nuestra curación está siendo nuestro mismo veneno, pues todos los talleres de management personal, inteligencia emocional y coaching empresarial sólo buscan seguir aumentando la optimización y la eficacia de los ya no sujetos sino ahora proyectos, de modo que se pueda continuar con la dominación neoliberal del hombre. Él mismo se somete a estas terapias para “ser mejor”, alcanzar mejores resultados que sean mensurables; el dolor que tiene que aceptar es aceptable pues se puede explotar en pos de la optimización. Fuera de este “dolor permisible”, se busca que sea una máquina positiva, es decir que trabaje a través de estímulos positivos. La técnica de poder que utiliza la psicopolítica no es prohibitoria ni protectora; todo lo contrario: es prospectiva, permisiva y productiva. Es todo lo contrario a la sociedad del autor Orwell en su obra 1984, en donde el consumo es limitado, las necesidades reprimidas y la obtención de información a través de medios coercitivos. La fuerza de la psicopolítica es amable, pues maximiza el consumo, estimula las necesidades y  seduce a un desnudamiento voluntario de las mentes, para conocer los anhelos más profundos de los seres humanos, y así, poderlos controlar.

Referencias bibliográficas

Han, B. (2014). Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona: Herder.

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