El poder siempre ha estado presente en la vida de los seres humanos, ya sea que sea coercitivo o persuasivo. Las relaciones de poder en el mundo constituyen la cultura, la tecnología, las redes y el modo de relacionarnos. El poder busca construir el significado de las experiencias que vivimos; si en la mente se construyen experiencias de modo que favorezcan ciertos intereses o actores sociales, ahí está presente el poder, a partir de las relaciones simbólicas que tenemos con los otros y con el mundo.

El poder siempre ha existido de manera institucionalizada, y a su vez ha estado presente un contra poder, en donde los actores sociales resisten las relaciones de poder institucionalizadas. Sin embargo, hoy en día existe una crisis de legitimación de quienes tienen el poder, es decir de las instituciones; ya no se tiene confianza a los gobernantes, y cada vez son más las personas que tienen la capacidad de desafiar este poder de maneras más horizontales, a través de las redes de comunicación interactivas como el internet.

El internet rompe el control y permite la intervención. Los movimientos sociales en esta nueva sociedad han podido actuar sobre las mentes de manera más expansiva gracias a las redes sociales. Estos movimientos nacen al margen del sistema, buscando la posibilidad de un cambio. Estos nuevos movimientos en red tienen la característica de que nacen en el internet y por lo tanto tiene la capacidad de difundirse rápidamente. No necesitan líderes, es decir son descentralizados, y pueden cargar consigo muchas iniciativas; por lo general se trata de una confluencia autónoma, que busca manifestar alguna inconformidad con las instituciones de poder. Aunque se geste en internet, se ocupa del espacio urbano para hacerse visible, aunque ésta sea una ocupación simbólica; lo único que se necesita es una chispa de indignación que despegue el movimiento. Esta indignación se convierte en esperanza, y en el mejor de los casos en reivindicaciones y estrategias que se convierten en proyectos.

La adhesión permite hacer frente al temor; al sentirse juntos las personas sienten que pueden. Este miedo se supera por empatía y comunicación de personas que están en la misma situación, generando un sentido de pertenencia. En su origen los movimientos sociales son explícitamente no violentos. No hay programas, no hay suficiente unidad ideológica ni una estrategia; lo único que se tiene es una sociedad que se cuestiona a sí misma, que lucha contra instituciones que no los representa, que no son democráticas. Estos movimientos surgen de repente, y también se pueden extinguir  con el mismo furor con que llegaron.

En muchas ocasiones se busca desvirtualizar los movimientos sociales cuando se les pregunta: ¿qué han hecho? Sin embargo esto es una trampa ideológica, pues es una visión productivista en la que el valor mismo del movimiento social pierde importancia. El impacto de su existencia de ser es ya es en sí mismo un cambio, un agente subversivo que busca una revolución; trae consigo un discurso político, de contraponer, que no busca una institucionalización, pues es contra lo que lucha. El internet pues se ha convertido en un espacio socio político, en el que constantemente se están formando redes de alianza, de lucha, contra un mundo que se busca que sea diferente.

 

Referencias

Castells, M. (2013). Enredados para la libertad. Conferencia Magisterial, Universidad del Valle de Atemajac.

Castells, M. (2009). Comunicación y poder. Madrid: Alianza Editorial

 

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