HISTORIA DE LA EDUCACIÓN; La educación en Roma

La historia está llena de dominación de unas culturas a otras, en procesos de aculturación y a su vez resistencia y lucha contra estas nuevas formas de ver el mundo. Roma, en cuanto a su estructura política, económica, cultural y social, fue muy similar a la de Grecia. Esto fue posible gracias al proceso de aculturación que se dio, de manera bastante natural. Las escuelas se adoptaron casi igual que como se hacía en Grecia, y al principio hubo un rechazo por estas formas de educar. La educación en Roma, en un principio, estaba constreñida a la familia, al menos el los primeros años; con la aculturación griega esto cambió, y empezaron a haber escuelas y maestros por montones, esclavos extranjeros en su mayoría, reproduciendo modelos y procesos educativos ya existentes.

Como en Grecia, en Roma los maestros eran mal vistos pues era un trabajo ruin. Esto era porque se les pagaba por enseñar, y no necesariamente por gusto. Además, muchos eran esclavos griegos o forasteros prófugos de su patria (que traían la cultura de los griegos y los conservadores romanos no querían adoptar estas tradiciones) y no eran hombres libres.

Los alumnos trataban mal a sus maestros pues sabían que su origen era de esclavos. No los respetaban por la etiqueta que la sociedad romana, y griega, ya les había otorgado: “trabajo ruin, ganas dinero por enseñar (eres pobre), no eres libre, en realidad no le interesa y solo lo hace para sobrevivir”.

Los maestros siempre han tenido que, en la labor de “educar”, ejercer control sobre los alumnos. El miedo (a través de golpes, malas palabras) es un mecanismo que han utilizado para alcanzar este control. Si la labor de ser docente siempre ha sido mal vista, incluso como vergonzosa para los mismos maestros, es de esperar que si ni ellos mismos se tienen respeto sus alumnos tampoco lo tendrán. Tiene que ver con el autoconcepto que los maestros tienen de sí mismos, y los alumnos lo que han aprendido sobre lo que ellos representan.

También, los alumnos quieren y buscan la libertad, como cualquier ser humano. El maestro, en su afán por controlar, le resulta el efecto contrario. Educar es la tarea más difícil, porque implica que aprendas que hay límites, reglas, orden, y esto es lo que enseña el maestro; es difícil que aprecien esta tarea que él hace, pues son labores que cuestan trabajo.

Ser maestro es un desgaste físico y emocional, porque estás en el acompañamiento de los alumnos. Alumnos problemáticos siempre habrá, y es difícil lograr conocerlos a todos. No han encontrado otro mecanismo. Es por ello la clave de la afectividad en la enseñanza, para que los alumnos no terminen odiando la escuela ni sus contenidos. Puede que no los vean relevantes para sus vidas (los contenidos) y que por ello no sientan interés alguno. Lo anterior también tiene que ver con la motivación del maestro para enseñar, que como lo hace “a fuerzas” y en general ha sido un trabajo mercenario, no será la misma motivación a hacerlo por amor a su labor.

Me impresiona cómo la educación a lo largo de los años, o al menos lo que se refleja de la Edad Antigua, no ha cambiado casi nada hasta la actualidad. Los patrones que caracterizaron el dominio en Egipto, muchos años después en Grecia y unos pocos menos en Roma, reflejan los mismos patrones; cambian los contenidos, los métodos y la didáctica, los profesores son diferentes personas; sin embargo los objetivos implícitos de la educación, y el modo en que se ha venido dando es casi igual que hace miles de años, en aquellas épocas.

La educación siempre ha fungido como “arma” para unos pocos, los de poder (casi siempre) para dominar y someter a los de “abajo”. Ha sido un mecanismo a través del cual la brecha entre quienes tienen poder y no se hace más grande, contrario a lo que se pensaría (o al menos eso parece). En los tres periodos históricos está presente que los grupos de poder no quieran que los grupos populares asciendan a través de la enseñanza, y la educación por ende.

Hasta hace poco, con pedagogos como Freire o Giroux, se piensa a la educación como arma para transformar y emancipar a las sociedades. Sin embargo nos falta un largo camino por recorrer para que esto ocurra realmente; el escenario para los educadores y los maestros, como lo hemos visto en la historia, es más bien pesimista; no se vislumbra al maestro como una persona ni profesión valiosa, cuando debería ser todo lo contrario. Leer estos últimos tres capítulos me ha quitado un poco la esperanza de transformar a la humanidad a través de la educación, y aún más de ser maestra. Sin embargo faltan muchas historias más, y algunas otras quienes se han encargado a toda costa de borrarlas del mapa; historias de transformación y verdaderos cambios, de personas que educan y que trascienden. Estoy esperando estas historias.

Susana Rodríguez Bonfanti

María Petersen Vázquez

Ana Laura Cerna Fraga

Historia General de la Educación

28/septiembre/2015

historias 🙂

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s