CÓMO LA CULTURA TRANSFORMA LA MENTE

La película trata sobre un niño que fue abandonado en el bosque, a la edad aproximada de 3 años; de acuerdo a una cicatriz en su tráquea, parece que los padres intentaron quitarle la vida, además del hecho de deshacerse de él.

El niño permanece en el bosque hasta los aproximados 9 años, sin ser visto por nadie. Aprende a vivir como un animal, pues camina en “cuatro patas”, únicamente hace sonidos con su boca (no tiene uso del lenguaje), tiene habilidades para trepar árboles o esconderse en madrigueras, bebe y come como los animales (directamente hacia la boca), tiene fuerza para protegerse de animales que intenten dañarlo (lo cual le ha dejado múltiples cicatrices), su cabello es largo y enmarañado (jamás cortado), sus uñas se han convertido en garras (sucias y afiladas), no puede caminar erguido, anda desnudo, y en vez de caminar por lo general trota o galopa. El niño, por haber sido aislado de la sociedad desde muy pequeño, no adquirió las habilidades esperadas en la sociedad, como el lenguaje, los modales y un sinfín de reglas sociales.

Los sentidos tienen distintos grados de importancia, de acuerdo a estadios evolutivos; por ejemplo el sentido que tienen más desarrollado los perros es el olfato, mientras que el ser humano es la vista. Cada órgano tiene una función específica, y corresponde a cada uno de los sentidos; sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que los órganos pueden activar otros sentidos de forma directa (el ojo oír, el oído ver, el olfato sentir). En el caso de Víctor, su sentido más desarrollado era el olfato, como en la mayoría de los mamíferos. Nuestra cultura nos enseña y educa para que la vista sea nuestro sentido prioritario.

Otra característica diferente en Víctor era su atención. El ser humano tiene diferentes capacidades de atención a través de los cuales se captan estímulos:

  1. Atención sostenida (alerta, vigilancia, percepción ante el cambio).
  2. Selectiva (poner atención a los estímulos relevantes e inhibir el resto).
  3. Dividida (a más estímulos).

Lo anterior lo aprendemos. Por ejemplo, un niño recibe una cantidad inmensa de estímulos, y la escuela lo enseña a seleccionar solo aquellos que considera importantes e ignorar en los que no quiere que se enfoque. La atención de Víctor era sobre todo sostenida, pues tenía que estar alerta a que otro animal no lo fuera a devorar; nosotros, por ser seres “civilizados”, hemos perdido uno poco nuestra atención sostenida, pues en teoría no tenemos que estar alertas a que otros humanos nos quieran comer o cazar (aunque esto es cuestionable, pues hoy en día estamos más alertas que antes ante el riesgo inminente de ser asaltados, robados, secuestrados, etc.). La atención de un universitario es mucho más selectiva que la de un bebé, quien recibe todos los estímulos que se le pongan en frente. También hemos ido perdiendo nuestra atención selectiva, al enfocarnos más en un solo estímulo.

Tras la captura del infante, es llevado a un colegio de sordomudos en Francia en donde convive con los niños; estos últimos lo molestan por ser diferente a ellos. Cuando un reconocido doctor de París lee en las noticias de la captura de un tal “niño salvaje”, se interesa inmediatamente en tenerlo bajo su tutela, para así estudiarlo de manera científica y poder convertirlo en un niño de la sociedad parisina, ardua tarea que sería difícil llevar a cabo. Cabe aquí resaltar que lo molestaban por no ser como ellos, es decir por no tener estándares de comportamiento humano aprendidos. Esta es una de las principales características de toda sociedad, moderna o tradicional, en la que existen patrones de comportamiento, creadas en un principio como norma (implícita o explícita) de convivencia, y que se hacen visibles en las acciones y formas de hablar de las personas. Cuando alguien se sale de esas “normas”, inmediatamente es juzgado como “raro, diferente”, pues presenta un “peligro” para esa sociedad (pues puede alterar la convivencia “adecuada” o esperada).

En un principio, el doctor Itard no sabe si lo que tiene frente a él es realmente un humano pues no cuenta con las características esperadas. Se da cuenta de que exteriormente parece un niño normal (a pesar de la espalda jorobada y la suciedad); sin embargo son sus comportamientos los que intrigan al doctor, pues al haber convivido toda su vida con animales salvajes en ello se ha convertido. Nosotros también somos animales, solo que estamos bien adiestrados por la sociedad, quien utiliza el arma de la educación y la instrucción para moldear a su gusto y antojo (siguiendo patrones dominantes).

Los comportamientos contienen significados subyacentes los cuales, la mayoría del tiempo, no nos damos cuenta. Una vez que se hacen explícitos, tarea de los antropólogos, nos percatamos de que todas nuestras líneas de acción están guiadas por creencias y normas de la sociedad en la que estamos inmersos; se podría decir que somos un producto social, moldeado constantemente por la misma, y de la cual no podemos prescindir. Para el niño es el mismo caso; en este caso vivió rodeado de animales, y él observó esos comportamientos y los repitió sin saber porqué. Eso mismo nos ocurre a nosotros: vivimos en una sociedad en particular, rodeados siempre de personas (amigos, familia, compañeros de escuela o de trabajo, etc.); ellos (ya sea que sean de nuestras edades, más grandes o más chicos) nos modelan modos de comportarnos, y nosotros muchas veces los adoptamos sin darnos cuenta, y sin entender el significado de aquello que hacemos nuestro.

La etiqueta de “niño salvaje” esconde un significado un tanto peyorativo, pues es alejado a lo que se considera “civilizado”. En el s XIX surgió la idea de que el ser humano está en constante desarrollo y progreso, en un camino que debe alejarse de la barbarie y el salvajismo y acercarse a lo “civilizado” y “moderno”. Pero a fin de cuentas esta es una concepción social, bajo la cual guiamos nuestros comportamientos actuales, tratando de ignorar la mayor parte del tiempo el hecho de que nosotros también somos animales, tenemos instintos que inhibimos socialmente, y nos regimos por normas para pertenecer al grupo social. La sociedad nos hace, y con esto no quiere decir que nacemos como un envase vacío que se va rellenando (idea de tabula rasa), pero sí es cierto que lo que seamos y hagamos será a causa de los que nos rodean y educan.

Hoy en día sigue en pie el debate interminable de saber ¿qué es aquello que nos hace ser humanos? ¿cuál es esa característica inminente de nosotros que nos diferencia de todos los demás seres vivos? Muchos dicen que el uso de formas simbólicas (como el lenguaje, las pinturas, las ceremonias). Otros dicen que es la libertad de decidir de acuerdo a nuestros intereses futuros, es decir la acción humana parte de las posibilidades de la realidad, actuamos en y sobre ella por voluntad de manera consciente; es una voluntad consciente (que va más allá de estímulo-respuesta, como trabajan los animales) que nos permite tomar decisiones y diferentes caminos y así hacernos a nosotros mismos. También existe la diferencia de la capacidad creadora del ser humano, de encontrar respuestas y no solo repetir.

Bajo esta última concepción de lo que nos hace ser humanos, se puede inferir la afirmación de que el ser humano es libre, por su capacidad de decisión; y es cierto, pero no es una libertad completamente “pura”. Al vivir en sociedad, estamos atados a ciertas normas y códigos sociales que nos determinan por lo cual tampoco se podría decir que somos totalmente libres. De igual forma depende de la concepción de libertad que se tome; Savater menciona en uno de sus libros que ser libre es “hacer lo que quieras”, pero no de manera fortuita o “inútil”, sino decidiendo conscientemente, pensando con detenimiento a dónde queremos llegar. Víctor sí era libre cuando vivía en el bosque, pues no estaba atado a ninguna norma social; al momento de ser capturado, ya no puede ser quien realmente es pues su “naturaleza” es forzada a inhibirse para adquirir nuevas formas de comportamiento más “humanas”, creando una ruptura en su ser (entre quien realmente es y quien quiere la sociedad que sea). Esta fragmentación en Víctor es más evidente pues fue inmerso en la sociedad a una edad más grande, cuando ya estaba más “formado”, por así decirlo; por ello la crisis de identidad (aunque implícita y sin que él la pueda denominar así) es más fuerte y termina haciendo que quiera y escape de ahí, regresando a lo que él estaba acostumbrado era la vida “natural”.

En cualquier ser vivo ocurre una influencia de iguales, a través de los cuales actuamos. Nos formamos un concepto de “yo” con ayuda de los demás, a través de un proceso de socialización y de comparación continua con los demás. Los aislados sociales, como en este caso Víctor, no desarrollan el tipo de personalidad que consideramos humana; sin embargo hay que tener clara la distinción entre persona y humano. La persona es una construcción social, dependiendo de dónde esté situada, y a través de la cual se adquieren valores, moral, creencias, etc.; es pues un dato social. Ser humano es un dato biológico, así que Víctor sí es un humano.

Finalmente, es preciso decir que Víctor no es ni bueno ni malo, solo es; y ese juzgamiento vendrá desde la mirada y valores de una cultura diferente. Es como funcionamos la mayoría del tiempo: mirando nuestras diferencias y criticándolas, en vez de aceptar la pluralidad y la diferencia de valores. Para aquella sociedad parisina Víctor era un animal, y tenía que ser liberado de esa barbarie para convertirse en un hombre de verdad; esto es totalmente cuestionable, pues aunque para aquella sociedad el niño era visto como alguien cuyos comportamientos no eran aceptables, para otras culturas puede ocurrir lo contrario. Es difícil permitirnos hacer juicios de valor ante algo que es totalmente subjetivo: la identidad del ser.

De acuerdo a la teoría de los niveles sucesivos de la mente humana y la cultura, existen cuatro niveles por las que el ser humano ha transitado hasta convertirse en el hombre “moderno” del siglo XXI. Por lo tanto se podría decir que los individuos de cualquier sociedad moderna tienen los cuatro niveles o tipos de mente presentes simultáneamente (Pozo, 2014). Estos estadios son muy similares y análogos a las etapas del desarrollo de un niño.

Ahora bien, el caso de Víctor no era el de un ser “socialmente desarrollado” quien no pudo alcanzar este estado de desarrollo mental debido a su nacimiento en un ambiente inhibido de cultura y sociedad. Este niño, antes de ser “adoptado” por la cultura dominante y adiestrado para parecerse más a ellos, tenía una mente episódica y mimética únicamente. Podía hacer asociaciones ente sucesos y acciones, como un primate, y observar regularidades en el ambiente sin estar muy conscientes de ellas; por ejemplo, al caer la noche, probablemente él asociaba que esto representaba la hora de dormir: noche-dormir. Sus únicas representaciones del mundo eran implícitas, es decir sin poderlas externalizar ni compartir con otros, y su modo de relacionarse con su entorno se limitaba a estímulos somatosensoriales (Pozo, 2014). Él vivía en tiempo real, sin evocar su pasado ni pensar en planes futuros. Su uso de herramientas era rudimentario, sin mayores transformaciones.

Víctor también tiene una mente mimética, y ésta se hace visible en sus comportamientos físicos. Por haber convivido con animales “salvajes” únicamente, éstos fueron sus modelos de comportamiento. Es por esta razón que Víctor camina un poco jorobado, como lo hacen los chimpancés, y no erguido como el homo sapiens. Al caminar también se apoya de sus manos, como en “cuatro patas”, comportamiento igual presente en animales. Al no haber convivido jamás con una sociedad que utiliza el lenguaje como medio de comunicación, unidamente hace sonidos guturales como los animales. El lenguaje es un “subsistema mimético especializado” (Pozo, 2014) con el cual Víctor no tuvo contacto, por lo cual solo desarrollo comportamientos estereotipados que observó de otros animales.

Al momento en que cambió el contexto concreto, restringido y estable, se dio una flexibilización y un cambio radicar en lo que hasta ese entonces eran sus estructuras mentales. Adoptó una mente mítica, aunque rudimentaria, con el uso del lenguaje y representaciones simbólicas. Por ejemplo, cuando el profesor le enseña varias imágenes (cuchillo, vela, ) que representan un objeto, pues no es en sí mismo el objeto el que está viendo Victor, sino solo una representación de él. Esto es una revolución para el cerebro del niño, pues jamás había estado acostumbrado a representaciones abstractas y amorales (Pozo, 2014).

El doctor intenta desarrollar la mente mítica de Víctor, sin embargo esto es sumamente difícil pues durante su periodo de infancia más representativa (en el sentido de aprendizajes base para la vida en sociedad) no fueron desarrollados en el tiempo esperado. Esto resulta en grandes dificultades para adoptar símbolos que para Víctor probablemente ni sentido tienen. Es una cultura ajena a él, que difícilmente podrá amoldarlo a su gusto.

Aunque Víctor alcanza a tener un sistema externo de representación, aunque rudimentario, a través de un registro escrito, no tiene conciencia ni piensa sobre sus propias representaciones, en decir no se piensa a sí mismo (probablemente). Esto puede ser resultado de que el nivel mítico ni siquiera está totalmente desarrollado ni completado, por lo tanto la etapa que le sigue, la de mente teórica, difícilmente la desarrollará plenamente.

Desafortunadamente, para nosotros, no sabremos nunca que había pasado con Víctor si hubiera seguido en “entrenamiento” para ser humano. Escapó de la tutela del doctor probablemente porque estaba acostumbrado a un tipo de vida, a un mundo por tanto tiempo que no pudo adaptarse a los cambios drásticos de su nueva realidad.

Ana Laura Cerna / 13 de septiembre 2015

Película

El niño salvaje de Aveyron François Truffaut

1970, Francia

Lectura

Pozo Municio Juan I. (2014). Psicología del Aprendizaje Humano. Adquisición de conocimiento y cambio personal. Madrid. Morata. Cap. VI

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9 comentarios en “CÓMO LA CULTURA TRANSFORMA LA MENTE

  1. Tu análisis de la película es muy interesante, sobre todo cuando mencionas de los diferentes tipos de miradas que existen. Es muy importante que cuestiones, sirve para darte cuenta que los seres humanos fueron formados por la sociedad, en este caso fue al revés de cómo Víctor es formado por la naturaleza. Es importante que aprendamos a convivir con todas las personas, porque al final no son tan diferentes de lo que nosotros creemos. Felicidades por tu manera de escribir.

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  2. Se me hace muy buena tu reflexión porque es claramente que nosotros estamos adiestrados por con quien convivimos y es por ello que se tienen ideales parecidos a los de nuestras familias y como bien mencionas no somos totalmente libres, pero ¿quién lo es? Ni los animales lo son. Y es importante destacar como bien lo mencionas que cada cultura pudiese ver a Víctor de una manera diferente por el estar acostumbrados a lo que nosotros somos. La vinculación que se tiene con el niño salvaje con el autor es muy clara pues al tener una mente episódica fue avanzado hasta poder llegar a ser un individuo como nosotros, inculcado por humanos.

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  3. Ana Laura:
    Me gustó mucho la manera en que discutes el tema, aun sin citar autores tu texto tiene cierta fuerza, imagínate lo que lograrías si hicieras este trabajo de manera sistemática. Es sumamente importante que las afirmaciones que vayas elaborando tengan sustento teórico, no porque sin éste no tengan valor, sino porque le va a dar fuerza y sustento a tu palabra. Por ejemplo, en esta entrada afirmas: “Investigaciones recientes…” yo me pregunto ¿cuáles ? ¿quién las hizo?. Presentas tres tipos de atención, me pregunto ¿quién es el autor que habla de esto y hace estas distinciones? en otro momento mencionas: “somos un producto social, moldeado constantemente por la misma” esto es totalamente cierto pero que autor o autores lo sustentan. En este caso,¿ no te hubiera caído como anillo al dedo citar a Pozo?
    Recuerda incluir ligas y formular pregunta que ayuden a la discusión y diálogo. Como lo haces en los comentarios que dejas a tus compañeras, felicidades por eso!

    Gracias por compartir !

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    • Hola Luli 🙂 sí hice referencia a la lectura de Pozo pero hasta el final, no sé si lo viste. Lo demás tienes razón, me faltó citar, y más que no son cosas que yo descubrí o investigué sino que son de alguien más.

      Gracias por la retroalimentación. Como tú dices es un ejercicio muy bueno el “regresar sobre lo hecho y corregir”. A mí me molesta cuando los profes no nos dan retro jeje, porque siempre hay áreas de mejora en todo lo que hagamos, el humano como aprendiz permanente.

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