¿CUÁL ES LA IMPORTANCIA DE LA HISTORIA DE LA EDUCACIÓN?

María Petersen Vázquez

Sussi Rodríguez Bonfanti

Ana Laura Cerna Fraga

30-08-15 domingo 30 de agosto de 2015

Desde pequeños hemos llevado clases de historia, y la verdad es que muchos de nosotros llegamos a odiarla, al menos en aquellos entonces. ¿Pero por qué? ¿por qué odiar una ciencia tan básica para la comprensión del mundo en que vivimos, la realidad que nos rodea y de la cual formamos parte y construimos todo el tiempo, como individuos y en compañía de los demás?

La verdad es que un poco de culpa han tenido los maestros, quienes nos han hecho entender “historia” como sinónimo
de “memorización de fechas, personajes y datos históricos”. Lo anterior en realidad no es tan malo como parece, tampoco hay que satanizarlo, pero viéndolo de una manera más crítica nos topamos con el punto de que lo anterior no tiene ningún sentido, y no tendrá ninguna significación para nuestras vidas, ni personales ni profesionales. Entonces pues ¿cuál sería el motivo de estudiar una ciencia de modo que no nos vaya a hacer querer transformar la realidad en la que vivimos? Estudiar de este modo solo nos hace cómplices de los paradigmas predominantes del momento, pues al hacerlo estamos cayendo en las trampas de la educación: la reproducción social.

La historia debería ser mirada como una ciencia emancipadora, que sirva a los educandos a comprender el pasado (realidad pretérita) para comprendernos hoy en día y el sentido de la realidad que hemos construido. De aquí críticamente podremos partir a la construcción de un futuro con mayor esperanza para todos, es decir más igualitario, tolerante, y participativo.

Quienes creen que conocer la historia es una pérdida de tiempo, son cómplices de la reproducción social que critican (criticamos). Todo cambio empieza por conocer aquello que se pretende cambiar.

Ahora bien, para lograr el objetivo anterior, sería imposible intentar separar la historia de la educación de las otras ciencias, sobre todo de la ciencia histórica, las ciencias sociales y las ciencias de la educación. La realidad es un todo complejo, cuyas partes se interrelacionan, construyen y modifican entre ellas. En el mundo “real”, tangible digamos, la economía no aparece separada de la política ni de la cultura; la educación, por tanto, tampoco está desarticulada de las demás ciencias, mencionadas algunas anteriormente. Esa es una de las claves por las cuales jamás hemos logrado comprender la historia como es en realidad, y como debería ser aprendida: los educadores, y científicos, se han encargado de dividir las ciencias (necesario para la comprensión de las mismas) pero se han olvidado de articularlas al final. Es por ello que terminamos conociendo “pedacitos” de realidad, desarticulados, y por lo tanto sin ningún sentido y significado para nuestras vidas, como individuos y como sociedad.

El ser humano, en su afán por explicar la realidad en la que vive, intenta comprender un todo complejo e incomprensible. De ahí que fragmente esa realidad en subconjuntos para su mejor estudio: historia, economía, política, química, biología, etc. Sabemos que la realidad no es así, fragmentada, pero se debe estar consciente de que esta división es meramente para el estudio de la realidad por comprender, y no porque sea un reflejo de la misma. La realidad no es la yuxtaposición de todas las ciencias anteriores, sino más bien la relación de las mismas, en donde una se alimenta de la otra y se construyen entre todas. Es por ello que se dice que las teorías están contaminadas, pues cualquier teoría sociológica tendrá tintes históricos, económicos y políticos; al igual que las teorías de la educación tendrán matices filosóficos, sociales, culturales, etc.

El estudio de la educación entonces, al igual que de cualquier otro fenómeno de la realidad, debe ser situado en un contexto histórico, social, político, económico y cultural. Solo así podremos acercarnos a la comprensión de la misma, aunque ésta siempre seguirá siendo imparcial, subjetiva y dinámica (por suerte o por desgracia).

El estudio de la historia de la educación es necesario para entendernos como seres humanos (nuestra esencia), pues no hay acto más humano que la educación. Ésta se da de manera natural, por el simple hecho de convivir con alguien. Desde la antigüedad, la convivencia ha hecho a la educación, que se ha ido formalizando, institucionalizando. Muchas veces la mejor educación, al menos en el sentido práctico, la hemos recibido fuera de las aulas y de los contenidos de la misma. A fin de cuentas el ser humano siempre está aprendiendo, y nuestra historia ha estado guiada por nuestros intereses y convicciones.

Para cuestiones del curso se estudiará la “historia de la educación” y no la “historia de la pedagogía”, pues la primera tiene como objetivo el estudio de las prácticas educativas, es decir situaciones educativas en la realidad, mientras que la segunda se basa más en el estudio de teorías y paradigmas educativos. De igual modo, por las mismas causas que he expuesto anteriormente, su separación es inevitable y necesaria únicamente para su estudio, pues en la realidad ninguna teoría tiene sentido sin práctica, y ninguna realidad es mejor entendida sin aproximaciones teórico-metodológicas.

Reflexión basada en la lectura de                     Guichot Reina, V. (2006). Historia de la Educación: Reflexiones sobre su objeto, ubicación epistemológica, devenir histórico y tendencias actuales. Revista Latinoamericana De Estudios Educativos, 11-51. Manizales, Colombia       www.redalyc.org/pdf/1341/134116859002.pdf

 

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